Escribe. Escribe, maldito.

Volumetría de la Soledad

In CrossBlog Fighters on diciembre 22, 2008 at 8:25 pm

Volumetría de la soledad

Sentí tus labios apoderarse de los míos. Pronto noté una punzada en medio de mi labio inferior. Un líquido espeso y dulce comenzó a mezclarse entre tu lengua y la mía.

Comencé a reir, como un niño, con risa atragantada y demente, como si nunca antes hubiera probado la textura de la felicidad, húmeda, amarga, resbaladiza.

Mi risa, que debió parecerte enraizada en algún mundo ancestral y primitivo despojado de inhibiciones y culturas, te hizo seguir mordiendo mi lengua, mis labios, deslizándote por el cuello, los pezones y los muslos. Tus labios ya no eran lo único lacerado en esa habitación de sábanas blancas, cortinas que danzaban al viento nocturnal y música de gemidos apagados. Mi cuerpo se resentía a cada bocado de tus fuertes mandibulas, entrenadas en el fino arte de las noches en vela, tan llenas de gritos desgarrados que las paredes de tu habitación -ésta en la que ahora retozábamos- se habían acostumbrado a ahogar con complicidad y firmeza.

Te tumbé boca arriba, y en tus ojos respiré miedo, y en tu miedo hallé vida. Con la sangre que emanaba de mi boca, tatué en tu cuerpo los tonos púrpuras de mis tardes buscándote sin saber que eras tú, arañé tu espalda tratando de hacer temblar hasta lo más hondo de tu inocencia, que se escondía herrumbrosa en alguna esquina de una niñez que quizás ya ni recordabas que fuera tuya. Penetramos, juntos, todos y cada uno de nuestros umbrales prohibidos a través de cada centímetro de carne de nuestros cuerpos -con suave violencia, sacudiendo las cenizas sobre las que yacían muertos tantos tristes versos inacabados.

Por fin, cuando llegó el momento, gritamos, gritamos en silencio, y en silencio volvimos a mordernos con furor, vomitando cada uno, labio sobre labio, boca sobre boca, el éxtasis de aquella primera y última noche en nuestro minúsculo paraíso.

Minutos más tarde, extenuado, permanecí sentado en el borde de la cama, con los dedos en el pelo enmarañado. Un cigarro se sostenía débilmente sobre la comisura del labio -apelmazado por restos de sangre reseca. Oí música de jazz provenir de algún distante lugar de mi cabeza. Un fraseo lento, que se repetía una y otra vez, como si trazara círculos en los que enjaular la memoria del momento ya pasado.

Me invitaste a saber, y a través de tus labios supe: eso sería lo más cerca que nunca habría de sentirme de otra carne, otro dolor, otra soledad que no fuera la mía.

Tú, mientras tanto, yacías de espaldas a mi, mirando la luna roja a través de la ventana. Respirabas profundamente.

Pensé que si me iba de tu habitación en ese momento, y te dejaba así, de espaldas al mundo, con la mirada perdida más allá de la ventana, quizás te convertirías en la musa imperfecta de un cuadro de Edward Hopper que nunca llegaría a pintarse.

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TJQC, devuelvo la cabra, desde lo alto del campanario…

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  1. […] pendientes, me toca comportarme como una persona de bien y contestar al crossblog fight de Álex. Ahí vamos, valor y al […]

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