Escribe. Escribe, maldito.

Last but not least -Birthday in Sin: Pecado 7.0

In Algunos Vericuetos Personales on octubre 15, 2008 at 8:05 pm

Y como no podía ser menos, el último, el definitivo, the one and only, the best of sins, llegó el turno para el pecado de la lujuria… (me consta que muchos de vosotros estábais impacientes por llegar a este punto).

Toda la preparación comienza a primera hora de la tarde. Pétalos de rosa. Velas rojas. Música para la ocasión.Todo debe estar preparado para que la última representación de la comedia de perdición preparada a la dulce P. comience a las 23.58 minutos. Justo antes de que acabe el día de su cumpleaños.
Así que salgo de casa a las 16.30 de casa, en dirección a una de esas tiendas llenas de velas aromáticas, aceites, fuentes feng shui y elementos decorativos varios esperando encontrar los dichosos pétalos de rosa y las velas rojas. Al llegar, me dirijo a una dependienta inquiriendo acerca de los mismos. Por alguna extraña razón me sonríe, de forma candorosa y complaciente.

Vas a preparar algo especial, ¿verdad?”


Elemental, querido Watson.

Se te ve en la mirada. Estas enamorado. Es la felicidad. (¡Atiza!) No. No tenemos pétalos. Lo que nos queda son estos poutpourri que ves por aquí. Huelen a cereza.”

Rojo pasión. Igual que las rosas. Me sirve, digo. Así que cojo un par de paquetes de poutpourri de esos, y me entretengo a mirar que llevan. Hojas y trozos  de setas y flores extrañas, todo resecado y repintado de tono rojizo. Me acerco el plastico a la nariz, esperando que transpire algo de olor a través de él, y vuelvo a confirmar que mi olfato es bastante torpe, así que hago un acto de fe y me creo eso de que lo que hay allí huele a cereza.

Las velas son otra cosa. Ahí si que se puede oler el aroma reminiscente de esa fruta a la que una vez alguien llamó ‘la fruta castrada’ (le falta el falo para completar los dos webos –one of my friends once dixit). Total que ya tengo parte del arsenal a punto.

Llego a casa y enciendo el portatil. Dios Ares -acude a mi: necesito algo de música para culminar mi diabólico plan. Comienzo a plantearme las diferentes alternativas y al final doy con una que estoy seguro que no fallará. Clico dos veces para que empiece la descarga, confirmo que esta inicia su curso, y, voilà, me voy a completar la parte del plan que me falta: mantenerla entretenida hasta la hora del pecado final. No me cuesta mucho conseguirlo. El poderoso antro de perdición cibernético llamado Facebook consigue ayudarme a tal efecto. Y así van pasando las horas, hasta que se va acercando el momento culminante, aquel que ha de dar la puntilla a tres dias, tres, de aniversario infernal, de sometimiento extremo a las leyes de la tentación, de la perdición y de la caida irrefrenable en los recovecos de las más bajas pasiones humanas.

Cuando son las once treinta, la encierro en la habitación, bajo la orden estricta de no salir. Y yo comienzo a hacer los preparativos. Justo antes de sacarla del zulo en la que la he recluido y llevarla al centro mismo del Hades (la mesa del comedor, vaya) he debido completar una serie de pasos para la perfecta ejecución del plan:

Paso 1: Preparo la música que ha de poner la banda sonora a este último y lujurioso pecado, grabando el mp3 en el disco duro multimedia que he de poner conectado al televisor en el momento justo.

Paso 2: colocar el regalo para la ocasión encima del lecho cuidadosamente preparado y arreglado. Poner un candelabro con tres velas olor a cereza en la cómoda de la habitación. Apagar la luz de la misma. Comprobar como el reflejo de las velas en la habitación le confieren el tono íntimo y seductor perfecto para la ocasión.
Segundo paso: comenzar a preparar el resto del montaje.

Paso 3: Esperar a que suene el móvil con la alarma puesta a las 23.50.

Paso 4: Abrir la puerta de la habitación, conminarle con voz maléfica a que deje de una puñetera vez lo que sea que esté haciendo, que el último de los círculos infernales le espera…

Y por fin llega el momento: antes de sacarla de la habitación y llevarla hacia las luces rojas (Welcome to Hell voy cantando de mientras), tengo que volver a adentrarla en la oscuridad, por aquello que el la noche es más oscura antes de hacerse la luz y así. Y para eso nada mejor que el antifaz rojo y las vueltas de la gallinita ciega (totalmente innecesarias, pero ¿y lo que me rio yo cuando la dejo suelta y parece un ‘pato mareao’ que decía mi madre?). Cuando ya he dejado de jugar con ella y se le ha pasado el mareo, salimos de la habitación.

La siento en la silla y le doy órdenes estrictas: no puede sacarse el antifaz hasta que la música infernal que le tengo preparada comience a sonar.

“¿Otra vez melenudos?” me dice.

Peut-etre, mon cherie, le digo.

Bufa, y comienzo a notar sus nervios subir como el Ibex 35 estos días (¡juas!). Está impaciente.

¿Qué eeeeeeeeeeeeeeeeeeees?¿Qué eeeeeeeeeeeeeeeeeeees?¿Qué eeeeeeeeeeeeeeeeeeees?”

Pronto lo sabras, digo cambiando la voz y el rostro, haciendome tan interesante como el doctor Slump cuando inventaba planes para seducir a la senyoreta Yamabuki.

Ah, y una cosa más, le digo. Cuando suene la música, te sacarás el antifaz, y verás cosas. Pero te está prohibido, terminantemente prohibido, mirar hacia atrás hasta que recibas la señal que te indique que puedes hacerlo.


De repente los nervios se acumulan y se hacen una pelota en su garganta.
Glups, que estoy va en serio, parece estar pensando.
And the time comes: las 23.58. Tengo encendido el disco duro y la tele. Le doy al mando para que empiece a reproducir la canción, ella ya comienza a estar desesperada de nervios. Y  -maldita sea- el trasto que no va: la imagen que se ve amarillenta cuando debiera verse azul, y en vez de la música, comienza a sonar un zumbido espantoso como si una plaga de langostas comenzara a invadir nuestra casa.

¡A ver si el diablo de verdad se habrá enfadado con tanto usurparle la personalidad! me dice. Yo comienzo a  probar el remedio que una vez me recomendó un amigo informático: limpiarle el polvo al disco duro, y luego atizarle dos golpes. Pero nada. El zumbido sigue siendo insoportable.

Pues sí que es demoníaca la música, sí” dice ella.

Y ahora el que comienza a ponerse nervioso soy yo…

¡ME CAGO EN SATANÁS!, voy gritando yo por la sala tratando de adivinar qué narices pasa y por qué no suena la música.

Tranquilo, cariño, no te pongas nervioso” me dice ella con el antifaz rojo en la cara.

Y yo que vuelvo a cagarme en Lucifer y MalasPulgas y toda su pléyade de demonios cuando descubro que he enchufado mal la clavija (¿premonición?) del sonido…

“Ja ja ja ja….” la oigo reir a mis espaldas.

NO TE RÍAS, vocifero interrupiéndola y retomando el control de la situación. ¿Estas preparada, pecadora? El momento culminante ha llegado…

Y le doy al play. Comienza a sonar Can’t Get Enough of Your Love de Barry White. Rápidamente reconoce la canción como fan de Ally MacBeal que ha sido, se saca el antifaz y lo que le espera justo delante de sus ojos es lo siguiente:

Diabólico, ¿no es cierto? (Sí, es un corazón hecho con parte de las velas rojas).

MUHAHAHAHAHAHAHAAHHAAH….

Todavía sorprendida, le vuelvo a recordar que no puede mirar hacia atrás, prohibido terminantemente, como Orfeo -so pena de que se quede atrapada en el infierno para siempre (aunque luego repienso que una eternidad de infierno lujurioso debe ser agotador), y que debe proceder a leer el último de los sobres sellados de este pecaminoso aniversario que encara ya su recta final.
Mientras la música sigue sonando, ella comienza a leer. Noto que los ojos se van tornando cada vez más vidriosos, y se van abriendo cada vez más. La linea final de la carta es la que da la señal definitiva:

Ahora puede usted girarse, dulce pecadora, y acabar de disfrutar del pecado de la lujuria.

Y al girarse le espera esto:

El último sendero infernal trazado con velas aromáticas y el poutpourri, que lleva de cabeza hacia el más perverso de los pecados que le espera detrás de esa puerta que se ve al final.

En este punto, la emoción es grande, la incredulidad enorme y la impaciencia por llegar más allá de la puerta, magnánima.
Así que, una vez más, down we went… en busca de completar el último de los pecados.

¿Qué pasó más allá de la puerta….? ¿Qué regalo le esperaba al final del camino? ¿Cual era el oscuro objeto de deseo que la lanzaría en una vorágine de sensaciones que la harían perder la cabeza….?

¡Pues hasta aquí puedo leer! que dijo la Gomez Kemp.

PD: (¿Qué os pensábais, que vosotros no ibais a ser víctimas también de mi maléfico plan? Pues nada, que ha sido un placer iros poniendo caramelitos en la boca para dejaros a medias justo al final. MUHAHAHAHAHAHAAHAH!)

PD2: (Aun así, ¿qué opináis?: ¿Sucumbió al último de los pecados?)

Y hasta aquí mi pérfido plan para celebrar los 25 años de una pecadora a la que quiero con locura.

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  1. Cuando sale el próximo número…? que queremos saber más.
    FELICITATS PER AQUESTS SET PECATS!!!!

  2. ¡Ya no hay más! (Hasta el año que viene, claro… jejejeje.) Petons als dos.

  3. Joder! I què faràs quan en fassi 50!!!!!!!!?????

  4. Pero al final hubo sexo o no hubo sexo??
    Vamos que me haces eso a mí y hasta yo sucumbo machote!! Y con Barry White de fondo y todo!!

  5. Mmmmmm… ¿me estás dando ideas, cuchi-cuchi? Jajajajajaj. ¿A los 50? Pues no lo se, pero ya estoy empezando a pensar la del año que viene… Miedo me doy. Petons als dos.

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