Escribe. Escribe, maldito.

Colas de Rata

In Algunos Vericuetos Personales on septiembre 22, 2008 at 9:44 pm

La historia es verídica: un vecino mío ve salir una cosa alargada, rosácea, que se mueve entre las agüillas transparentes del váter. Como el indivíduo es un poco bestia, no tiene otra idea que meter la mano hasta atrapar el elemento extraño que ha llegado hasta el fondo del inodoro.

Sí, lo que había dentro del váter era una rata. Con sus dientes de roedor y todo.

Me lo cuentan dos vecinos mientras trato de hace equilibrios sobre un tablón de madera que tapa un boquete enorme en la entrada de la comunidad, aguantando mi chaqueta del traje en una mano, mi corbata y una mochila en la otra. Los dos me van contando que tienen humedades en el piso. Y que ellos aún que no se pueden quejar. Que hay quien lo tiene peor.

Al cabo de unos minutos de hablar sale el tercero de los vecinos en discordia.

“Hoy he hecho un máster en cañerías y tuberías y demás. Mirad, venid conmigo.” Nos pide que le acompañemos fuera. “¿Véis esas tapas redondas delante de las casas apareadas de delante? ¿Sabéis lo que son?”

Me encojo de hombros, haciendo latente mi ignorancia para cosas mundanas como esa.

“Son arquetas. Y sirven para conectar con las alcantarillas, para evitar los malos olores y para que las ratas no se cuelen por el váter. Y como bien podéis comprobar, nosotros no tenemos ninguna de esas.”

La media de edad de los propietarios de la finca en la que vivo es de unos 30 años -excepto por alguna poco honrosa excepción de la que ya os hablaré algún otro día. Quien más, quien menos practica la poligamia y además de con su susodicho o susodicha, disfruta de un largo domingo de noviazgo con una tal hipoteca.

Esta mañana me llama el presidente de la comunidad. Buen tipo.

“¿Tú tienes idea de quien puede tener los planos de la comunidad?”

“…”

“¿Puede ser que los tenga el promotor?”

Pienso un momento. Puede. Pero el problema es que el promotor (bueno, uno de ellos) está en la cárcel. Por morderle la cara a otra de las promotoras. Que se había fugado con unos 60 kilos bajo el sostén de harpía y su cara de murciélaga.

Le digo que puede ser que los tenga el arquitecto del ayuntamiento, pero que ya una vez intenté acceder a él, y, aparte de haber tenido que pedir hora (cosa que no hice, of course), aparte de que el hombre disfrutaba de unas merecidas vacaciones -merecidísimas, dónde vas tú a parar- y aparte de tener que bailarle la macarena a la funcionaria del ayuntamiento, pues no había conseguido mucho más que perder una mañana de trabajo.

“Pues mira, voy a llamar al gestor y que se busque la vida. Porque el Charli está sin luz desde hace dos meses, y el pobre chaval no tiene manera de solucionarlo ahora si no es con los planos, según dice el operario que ha mandado la compañía de seguros.” El Charli es el que ha hecho el master en una mañana en canalizaciones comunitarias varias. Al parecer el chaval lleva dos meses sin luz, porque hay agua que se filtra por debajo del suelo de la portería, entra en los tubos que contienen sus cables de luz y producen cortocircuitos.

“Y aún suerte tenemos” me dice “que nos dieron los pisos acabados. Imagínate que les damos la pasta a estos rateros y nos dejan el piso a medias y nosotros con una mano adelante y la otra atrás.”

Por un momento el espíritu de Palafolls Psycho se apodera de mí. “Si cogiera yo al promotor le iba a hacer la vaca contra la portería del campo de futbol. Pero por la parte de los ganchos, a ver si le desgarro el escroto.”

“Y espérate” me dicen dos vecinos de arriba “que no empiecen las lluvias fuertes. Que a nosotros nos sale la gotera en la cocina y se nos pone todo perdío.”

Y empiezo a pensar. En los primeros seis meses de comenzar a vivir en nuestro piso, tuvimos que llamar dos veces a una cuba para desatascar la mierda que los paletas habían echado por los desagües. Un año más tarde, se quemó el cuadro general de la luz, dejando a la mitad del barrio a oscuras, y a nosotros con el susto en el cuerpo, porque el fuego casi sube a los pisos superiores. Cuando vinieron de Enher a ver qué había pasado, nos dicen: “la instalación estaba hecha una chapuza”. So cabrones: ¿por qué narices entonces le disteis el visto bueno para el final de obra? ¿Y por qué en las subsiguientes revisiones nadie dijo esta boca es mía?. También me viene a la mente que nos dejaron una antena que no estaba preparada para la TDT, y que la misma se vino abajo con una ventolera puntual porque las fijaciones “estaban cogidas con el culo” (palabras textuales del técnico que vino a poner la nueva).

Moraleja del asunto: Es tendencia de las ratas asomar las narices por las tranquilas casas de los ciudadanitos de a pie, que a duras penas tratan de mantener a la amante consentida alimentada, so riesgo de pataleta y embargo, que cruzan los dedos cada noche para que un iluminado en algún lado de su empresa no le mande de patitas al ya inquietantemente concurrido paro, y que sobrellevan con humor y algo de resignación el hecho de que la mierda salga de entre sus baldosas cada vez que tiramos del váter.

Lo malo es que la mierda siempre la tragamos los mismos. Y banqueros, promotores, especuladores y demás sanguijuelas aprovechan para meter su cabeza en nuestra vida, roernos la decencia y cuando todo parece podrido en nuestras casas, porque uno a veces tiene la tentación de gritar ¡a la mierda!, desaparecer por el mismo lado por el que han entrado: las cloacas de una sociedad egoista, consumista hasta lo brutal y que por mucho que digan, sigue protegiendo lo único que les vale la pena proteger, el capital y la madre que lo parió y lo seguirá pariendo.

No fueramos un poco animales a veces, como en el caso de mi vecino, y los sacáramos del escondite por la cola, dejándolos en evidencia como los chupasangres que son.

PD: Conociendo a mi vecino, no me extrañaría que hubiera aplastado la rata con su pie, echándo mano de sus 140 kilos de peso. Ahí queda la idea para completar el párrafo final anterior.

PD2: Cada vez que pienso que el delito por el que el promotor de mi comunidad está en prisión no es por estafa, si no por morder la cara de quien le había estafado a él, me da un no se qué que fluctúa entre la sonrísa irónica y el deseo de que salga un día para cumplir mi fantasía, junto con los otros 9 vecinos, de hacer bueno uso de la portería de fútbol del campo que tengo a unos cien metros.

PD3: No. No he dejado a medias la historia Aniversario Pecaminoso. En breve, el Pecado 4.0.

Seguimos con los machetazos.

Un saludo.

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