Escribe. Escribe, maldito.

Birthday in Sin – Pecado 3.0

In Algunos Vericuetos Personales on septiembre 15, 2008 at 5:39 pm

Tras una intensa noche en el que los pecados de la ira y de la gula hallaron su camino a través del alma débil de nuestra aventurera pecadora, llegaba el turno de un nuevo pecado.

¿Cuál sería?

Con el alma a flor de piel, el espíritu soliviantado, y la mente atribulada por los devaneos a los que le sometió la ira tras hacerse la marca del diablo en su cuello (bueno, parte de ella, que corresponde a esa “A” que asoma bajo la “P”), y la gula tras fundirse su paladar en una marea orgásmica de sabores, llegaba el turno para jugar al despiste: tocaba someterla a la tentación de la baba incontinente que halla su camino a través de las comisuras de los labios, del anodinamiento sublime, de la consecución de la relajación última.

Efectivamente, llegaba el turno de la PEREZA.

Tras un despertar de sábado mañana post-tatuaje y post-cena copiosa, el ambiente era el idóneo para la ejecución de una nueva parte del plan perpetrado por un satanás servidor de ustedes. Las legañas eran abundantes; bostezos de otro mundo estrangulaban el silencio matutino; los pasos torpes parecían convertir las paredes en perfectas aliadas del caos; la taza del vater cada vez parecía más lejana. Y en estas que ella pregunta:

“¿Qué querrás de desayunar?”

Me alimento de tu incertidumbre, cariño… Mi estómago apenas necesita nada más… Así, que prepárate que viene un nuevo sobre, con enigma de regalo (y Heavy Metal, de nuevo, como mermelada para la ocasión).

Vale, pero eso no me quita el hambre. ¿Puede ser después de desayunar?

Carajo, la tía… una noche de gula y ya se ha vuelto así de insaciable.

Sea, le digo. Total que tras las tostadas con mantequilla y mermelada (de la de verdad, es decir, mermelada de fresa del Mercadona, no mermelada de la musical que llenar, lo que se dice llenar espiritualmente, quizás llene, pero uno debe reconocer tras su bravuconada anterior que el estómago poco se nutre poco con dos res mis y fas… aunque, llegado a este punto, uno se plantea qué tienen que decir Hetfield, Ulrich y cía al respecto); estooooo, iba diciendo: tras la mantequilla, mermelada, el café con leche, y sus cereales con dos chocolates, tras la sesión correspondiente de nueva taza del váter, y ponerme de nuevo el traje de diablo (véase, calzoncillos rojos, que todavía el calor nos honraba con su presencia), comienzan a redoblar los tambores del ‘infienno‘:

Aquí tienes, mi angelical criatura” digo, tratándole de poner otra vez el antifaz con el que la cosa adquiere aún más misterio (en la taza del váter, faltaría más).

“¿Quieres salir del lavabo?

Su voz retumba, más que la mía, con lo que huyo como un MalasPulgas cualquiera con el rabo entrepiernas y las orejas gachas, a esperar mejor ocasión para cegar su mirada de niñita perdida entre tanta odisea de regalos. Cuando sale, la ataco con alevosía y nocturnidad. Ahora sí, se pone el antifaz, la cojo de los hombros, le doy dos vueltas sobre sí misma (la dejo un momento a ver si recobra la orientación y si no la paro se va de cabeza a la pica de la cocina) y la siento en la mesa. Cuando ya está preparada, con el calor infernal que comienza a entrar a través de los ventanales, el vocinglerío de los diablejos juveniles que están a punto de estamparse con sus bicis en algún lugar del pavimento de allá el submundo (la calle, básicamente) que consigue hallar su camino a través de los gritos infernales de la música de Opeth (por cambiar un poco el registro), y yo dejándome la laringe tratando de hacer una risa gutural, llega el momento…

Le doy el sobre, el cual lee con fruición propia del pecado al que va a verse sometida (es decir, encadenando bostezo tras bostezo -“qué quieres, todavía estoy dormida”. Esto es el colmo: pecando antes de que le diga el pecado…) y tras preguntarme por la alusión a las babas del diablo (grande, maestro Cortazar) que incluyo en la carta enigmática (“algo repugnante, ¿no?”), le prometo que ya llega la hora en la que verá la luz al final del tunel de éste círculo pecador.

Y voilà el regalo:

Ques que ce ça? Pues un cheque regalo válido para canjear en un gimnasio de las cercanías por un masaje de chocolate, algas, aloe vera, cava y arcilla… Ahí es nada, ¿verdad?

¿Y las babas del diablo? me pregunta… Las tuyas que inundarán el suelo de la sala de masajes mientras manos (de diablejas, no diablejos, hasta ahí podíamos llegar, aunque aún no estoy muy seguro de este punto, dita sea…) te zaranderán para aquí y para allá, poniéndo en tu sitio todas y cada una de las vértebras, deshaciendo nudos en la espalda, y subsumiendo la piel en un relax tal que no podrás si no volver a pecar.

Y como no, las mías… si es que cuando me pongo a ser malo, a ver quien se resiste.

PD: A día de hoy el pecado todavía no se ha consumado. Pero no tardará: todo ha sido por causa del tatuaje que motivó la ira… demasiado blandito todavía para recubrir de chocolates y demás tentaciones varias. Os cuento cuando se consume el susodicho.

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  1. […] ver, ya me has hecho pasar por la ira, la gula, la pereza y la soberbia. Quedan la envidia, la avaricia… y la […]

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