Escribe. Escribe, maldito.

Birthday in Sin – Pecado 2.0

In Algunos Vericuetos Personales on septiembre 6, 2008 at 9:04 am

Completado el primer círculo de la Ira, era momento de dar paso al segundo de los pecados capitales en este aniversario infernal. 

Tras la ristra de improperios, golpes, espumarajos por la boca y demás que siguió a nuestra salida de L’Embruix, llegó la hora para un nuevo juego de perdición… y el elegido era (redoble de tambores, de nuevo): La Gula.

En medio de las calles enrevesadas e infestadas de pecadores del Barri Gòtic le di el segundo de los sobres. Paramos justo en la calle Cucurulla, y allí se dispuso a leer el segundo de los enigmas de la jornada. Un par de detalles: se me había  olvidado el antifaz para taparle los ojos (no que fuera de utilidad, pero para acabar de hacérselo pasar mal) y algún reproductor en el que poner nueva música del ‘infienno‘, para seguir con la atmósfera de melenudos y gritos desgarrados que tanto ayudan en situaciones como ésta.

Un fallo, sí. 

En el sobre le prometía una batería de tentaciones al paladar a los que no se podría resistir. Era un farol, hasta cierto punto, porque el restaurante infernal seleccionado para la ocasión era fruto de una recomendación. Es decir no había probado personalmente sus mieles y sus hieles para poder hacerme una idea. Pero qué narices, la aventura es la aventura, chico, que decía aquel anuncio.

Ocho treinta de la tarde. Tras marearla de nuevo, ahora paseando por calles cada vez más estrechas y cuyo curioso olor a orín también ayudaba a conferirle, como decirlo, un toque malicioso por mi parte (aunque ni de lejos había ido yo meando por las esquinas para crear tal efecto, os lo prometo), y tras dar la sensación dos o tres veces de que un servidor se había perdido en La Gran Urbe (mentiras, rumores maliciosos: simplemente hacía turismo improvisado), llegamos al lugar donde nos esperaban los diablos FagottiniAlPesto, PastaDeSalmónConCremaDeAlmendras, y EnsaladaDeQuesoDeCabraALaVinagretaDeMiel. Pérfidos todos. 

El sitio era cuco, amplio, y decorado con un aire de principios de siglo pasado. Como fuera que era pronto, la pecadora me dice “vámonos a dar una vuelta. Aún no tengo hambre“. “¡Pardiez!” pensé. “A ver si se me va a resisitir a éste pecado…“. Por suerte, los tentáculos de la tentación son poderosos e inescrutables. Justo cuando estamos a punto de irnos, aparece una familia de condenados a través de cuyos gritos de agonía y dolor uno podía intuir las siguientes palabras: “Menos mal que hemos llegado pronto. Así no tendremos que esperar. Cómo la última vez que tardamos tanto en comer. No me gusta tener que esperar una hora para comer“. Les miro con gesto reprobatorio. Viciosos. Alardeándo en público los detalles de su gula irrefrenable. Me giro y ella me dice: “Mira, mejor nos quedamos. Yo tampoco quiero esperar una hora. Así, comemos tranquilamente, luego damos una vuelta por aquí, que ya me estoy acostumbrando a ésto del infierno, y nos subimos pronto a casa, a ver si cae el pecado de la lujuria“.

Victoria, digo. Y luego me pongo a temblar de miedo. A fin de cuentas: ¿El diablo no soy yo? La tía, no es capaz de dejar su naturaleza organizadora a un lado, ni en ocasiones como ésta.

Ni siquiera han abierto la puerta de entrada al valle de la Gula, y las almas pecadoras comienzan a amontonarse en la cristalera, aplastando sus cuerpos, derritiéndose al mirar la carta (fideuà, arrhrhrhghghghgh babeaba alguno al estilo Homer). Los diablejos ataviados en negro (muy propio para la ocasión), lanzan miradas furtivas desde las escaleras y la cocina, mientras ponen a prueba sus hornos y látigos. Y a los pocos minutos abren las puertas.

Entramos y ocupamos nuestros respectivos lugares de tortura. Cada vez van entrando más y más almas pecaminosas como las nuestras. Y cada vez más van quedándo otras amontonadas, cuyos gritos fieros y desesperados por entrar a formar parte de este círculo de pecado llega a poner la gallina de piel, que decía aquel.

Menos mal que nos hemos quedado. Si no mira donde estaríamos ahora.” Y miramos a una serie de parejas que nos observan desde más allá de los cristales, con ojos rabiosos, desorbitados y clavan sus uñas en el vidrio, haciéndolos chirriar. “Tranquila, le digo. Ahora mando a mis satanes para que les azoten un poco. Forma parte del espectáculo.” Doy sensanción de dominar la situación, de tenerlo todo controlado. Más o menos como cuando el Rubianes se pone a atizarle a las brasas de la chimenea en su monólogo sobre el amor…

Ella, otra vez más, me da por imposible.

Mira que eres payaso“.

Y no puedo negarlo. 

La cena se desarrolla plácidamente. 

De primero: Una ensalada para compartir. Con queso de cabra, vinagreta de miel, calabacín cortado en tiras finas, rúcula (qué sabor tan amargo y tan bueno, por las barbas de Lucifer) y demás hortalizas varias. Para acompañar, nos traen unas croquetas de ceps brutalmente empaladas en palillos de pinchos -me viene a la mente por un momento la portada de Holocausto Caníbal; pobres, me digo, lo que deben haber sufrido, primero empaladas y luego pasadas al fuego. Pobres, sí: pero que buenas están las jodías.

De segundo: Ella se pide unos Fagottini rellenos de pera con salsa de pesto y queso fundido (arrrhhghghghghgh). Yo me pido pasta de salmón con salsa de almendras (salmón: ¡arrhhghghghghgh! pasta: ¡re-arrhghghghghg! Almendras: ¡recontrare-arrghghhghhg!). Vamos comiendo y completando el círculo y me voy dando cuenta que la noche va a la perfección. Por si acaso, había pedido un Rioja (no un acierto, precisamente, esta vez) para dar acabar de engrasar la noche… 

Y luego el postre: Ella se pide helado de yogur con salsa de frutos rojos. Yo me pido helado de café con frutos secos y baileys… Y al final pongo en duda quien ha pecado más de los dos por la Gula, si ella o yo. 

Joder, qué bueno estaba todo, le digo. 

Y entonces, viene la traca final: buen conocedor de sus puntos débiles, me traen una botella de Codorniu bien fría. “¡Ja!” le digo cuando veo que la traen: “Ahora sí que eres mía, corasong.“.

Y dicho y hecho: brindamos, celebramos el cuarto de siglo que acaba de cumplir, rememoramos la comida brutal que nos ha hecho pecar a los dos (a ver si yo no tengo derecho, de tanto en cuando también, a regodearme en los propios pecados a los que incito, leche), y damos por terminado el Pecado 2.0 – La Gula.

Ah, y por si alguno se lo pregunta: no, el siguiente pecado no es el de la lujuria.

Que uno es diablo por algo, y lo bueno se hace esperar…

MUHAHAHAHAHAAHAHAHAHAHAHAHAAHH

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  1. Y després de explicar-nos aquest menú, a nosaltres només ens faràs els postres!!!!!!!

    Jo també vull l’amanida i la pasta, el Rioja potser millor un altre. O creies que vosaltres éreu els únics pecadors?!?!?!?!

  2. […] ver, ya me has hecho pasar por la ira, la gula, la pereza y la soberbia. Quedan la envidia, la avaricia… y la […]

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