Escribe. Escribe, maldito.

Zen en el Arte de Reinventarse

In Algunos Vericuetos Personales on septiembre 23, 2007 at 11:00 am

Mi generación.

La mileurista.

La X.

La Y.

La Z.

La mejor preparada.

La de la globalización.

La de la antiglobalización.

La de las hipotecas a 50 o 60 años.

La de la tecnología.

La de las infinitas posibilidades.

La que fue nombrada personaje del año por la revista Time.

La que abre el paso a una nueva era.

La de la Coca-Cola. La de la Pepsi-Cola. La de la Wii. La de los blogs. La de Youtube. La del Ipod.

Vale. ¿Hemos dejado ya de mirarnos el ombligo y relamernos?

D’accord. Podemos entonces comenzar a pensar.

Mi generación.

Quien me conoce me sabe una persona algo individualista (que no egoista).

Quien me conoce me sabe una persona que sospecha de las etiquetas (aunque no por ello exento de caer en ese error).

Quien me conoce me sabe una persona que odia el concepto de “Mi Generación”. Máxime cuando lo veo utilizar como ejercicio de palurdería, de autocomplacencia o de envoltorio perfecto para empaquetar cualquier producto de márqueting (¿alguien recuerda a las Spice Girls hablando de la Generation Next para vendernos la Pepsi? Pues eso.)

Tengo la impresión que somos una generación que ha caido ligeramente en la pose de la cerveza en la mano, el cigarro en la otra y la eterna lamentación y queja en la boca. Que si la vida es injusta. Que si el mundo no nos da lo que nos merecemos. Que si hay que ver como están los sueldos. Y fíjate, tengo tres carreras de matemáticas, que diría un amigo mío para mearse encima de la titulitis de la que es tan propia esa “mi generación”. Que si las hipotecas, que si las mafias, que si los políticos, etc…. Y miramos afuera esperando que alguien venga y nos diga que venga, va. Que nos lo merecemos y que van a arreglar las cosas por nosotros. Y nos van a dar un par de palmaditas en la espalda.

Y nos van a arreglar el cambio climático. Y la neurosis colectiva en la que nos estamos subsumiendo. Y en el terror global que nos pone los pelos de punta. Y así.

Toca reinventarse. Y no precisamente como generación. Toca un renacimiento completo del individuo.

Un renacimiento que parta de adentro hacia fuera.

Lo queramos o no, provenimos de una cultura judeocristiana que nos ha acostumbrado a esperar eternamente a que la ayuda y la gracia vengan de fuera.

Esperando a Godot del amigo Beckett es quizás, desde mi humilde punto de vista, la expresión máxima de esa desesperación por la espera, de ese hartazgo por tener siempre pendiente la espada de Damocles de la salvación que ha de venir de algún lado más allá del camino pedregoso en el que mientras tanto jugamos a juegos idiotas para entretenernos de no sabemos qué.

¿Alguien se sorprende de la boga que están cobrando el budismo, el yoga, el zen y demás?

Muy fácil. Alguien hace siglos ya que sabe que la verdad está adentro. En el interior de uno mismo. Y que no estamos prestando suficiente atención a lo que de verdad importa. Que somos nosotros mismos. Y que el cambio, la mejora, la salvación, la gracia, como queráis llamarlo, ha de surgir de dentro hacia fuera. Uno a uno, en todos y cada uno de nosotros.

Por eso desconfío del concepto de generación. Porque nos pone a todos en un mismo cerco del que parecemos no tener salida posible.

Y entonces, viene el desastre. El terror global, el calentamiento de la tierra, las enfermedades mentales en aumento (depres, esquizos, etc…), la desesperación, la autolisis colectiva. Nos sentimos perdidos. Y en ese contexto, encontramos un Club de la Lucha, que expresa el descontento máximo al que puede llegar eso que llamamos Nuestra Generación. La violencia gratuita y sublimada y porque sí, contra todos. Incluso contra uno mismo. Especialmente contra uno mismo.

Toca reinventarse. Destruirse para renacer. Retomar el Mito del Ave Fénix. Si hace falta hasta que duela. Estudiarnos, comprendernos a nosotros mismos. Observarnos. Saber qué es nuestro y qué no lo es.

Hace tiempo leí en algún lado: se está librando una batalla por nuestro cerebro (sobre todo en el aspecto de una batalla consumista extrema y cruda). ¿Estamos preparados?

No. No lo creo.

Toca reinventarse. Saber dónde estamos pisando como generación (o lo que sea que eso signifique), el punto en el que alguien nos ha vendido motos que nunca tienen ruedas. O que cuando tienen ruedas, no tienen carreteras sobre las que correr. Y asi nos pasamos la vida deseando algo que no tenemos, y es fácil que estemos controladitos y manejados para que toooooodo siga funcionando tan bien.

O no.

Y respecto a reinventarse. Un apunte respecto a la palabra. Cansado de oir: para defender nuestras ideas tenemos la palabra, el debate, la discusión. Y sin embargo la palabra y el debate y la discusión nunca han estado más desprovistos de contenido, de esencia y de fuerza. Escuchas la radio y cuando llevas tres o cuatro minutos ya te has dado cuenta que aquí o se habla o se piensa políticamente correcto, o eres una especie de terrorista marginal y subversivo. La palabra se ha vaciado, el debate tiene unos márgenes tan estrechos y tan simplistas que nunca se pueden decir según qué verdades a riesgo de que alguien se lleve las manos a la cabeza y más de uno se ponga colorado. Hemos perdido la capacidad de discutir y criticar positivamente. Sin una postura clara, nos agarramos a dos o tres principios que ni siquiera son nuestros y cuando alguien se atreve a ponerlos en cuestión levantamos una barricada de gritos, insultos y violencia.

Hay que reinventar la palabra. Precisamente en un momento en que por debajo se cuece algo (el miedo que le da a los principales medios la proliferación de los blogs, cómo intentan redirigir toda esa energía que se cuece en el descontento de la gente que forma esa ‘generación’ -vale aceptamos barco). Es el momento para hacer análisis profundo desde los adentros. Y trasladar los resultados de ese análisis sincero en palabras simples y sencillas. Minimalistas si se quiere. Y extender esa reinvención.

Necesitamos Da Vincis.

Necesitamos Ghandis.

Necesitamos Joyces.

Y necesitamos Siddharta Gautamas. Que digan: “No pongas ninguna cabeza por encima de la tuya”.

Reflexionar desde la autocrítica, salir de la autocomplacencia. Desmontar el mito de “Mi generación”.

Espabilar, en una palabra.

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  1. […] Este blog que estoy leyendo ultimamente escribio un post muy interesante, Aqui os pongo un extracto frikis!!:Zen en el Arte de Reinventarse Mi generación. La mileurista. La X. La Y. La Z. La mejor preparada. La de la globalización … el paso a una nueva era. La de la Coca-Cola. La de la Pepsi-Cola. La de la Wii. La de los blogs Posted in PALABRERÍAS ( 9 links from 4 sites) by doomboy […]

  2. “El que quiere nacer, tiene que destruir un mundo”.
    Hermann Hesse, Demián.
    El problema existe en si se quiere nacer, o renacer. Demasíada cobardía, demasiada comodidad. Empecemos por mejorar el pequeño mundo que nos rodea, que si no, mal vamos.
    Saludos!!

  3. Leo y llevo días reflexionando.
    Estoy de acuerdo contigo en quitarme la etiqueta que cuelga a mi generación, a la nuestra, aunque sólo sea la temporal que nos ha tocado, la de todo lo tenemos más fácil, la autocomplacencia ante nuestra propia pasividad, por no poner otros calificativos. Pero necesitamos categorizar cualquier paso que damos, lo hemos hecho desde el principio y ¿cómo logras volver eso atrás? No hay que cruzarse de brazos ante la parsimonia de los demás, de pequeños cambios surgen los grandes, pero ¿funciona, realmente se nota? Alguien decía que tenías que ser el cambio que querías ver en los demás. A ratos lo intento, pero ¡buff! la incomodidad del buceo interior me puede.

  4. @Bel: Y en esa batalla interna con nosotros mismos andamos todos incómodos… pero ¿es eso malo? Sólo venciendo la maleza interior podemos afrontar la jungla ahí afuera. ¿O quizás es al revés y la jungla verdaderamente está ahí adentro? Otra etiqueta que colgaría a esa nuestra generación: la generación de la impaciencia. Lo queremos aquí y ahora. Todo. Y porque sí. Nadie nos ha enseñado la paciencia. Y tampoco parece interesarnos mucho. Y sin embargo la mejor fruta es la que todavía tarda el año en madurar, no la que se hace crecer de arboles de laboratorio en dos días gracias al supuesto milagro de la genética. ¿No es así? Pues eso, paciencia, tesón y paso a paso, se puede, aunque quizás no seamos nosotros quienes tengamos que percibirlo… sino “generaciones” futuras (ironías de la vida). Besotes.

  5. Cuántos son en tu generación?
    Tu generación nació ese mismo año también en China, en Jamaica y Guinea Bisau?
    Si es así, me preocupa. Pero no lo creo.

  6. Hola Eugenia.

    Primero: Bienvenida al blog y gracias por tu comentario.

    Segundo: Con todo el cariño, me da igual cuantos sean en esa que por conveniencia llamo en el blog ‘mi generación’. Simplemente no creo en el concepto de ‘generación’ y creo que así lo manifiesto a lo largo del post, y si lo uso en él es para mearme encima del mismo, o como poco para desmontarlo llamando a una reinvención de todos y cada uno de los individuos sobre todo a este lado de la sociedad, la occidental, gastada y revenida -pregunto: cuando una renovación individual se generaliza, que es a lo que invita el post ¿se puede usar el nombre generación? No lo sé. Igual sería mejor conjunto de individuos… Cuestión de gustos. Pero gracias por hacerme reflexionar al respecto.

    Tercero: Obviamente hay diferencias culturales, sociales, económicas y demás como para que ‘sus’ generaciones (las de Chinas, y demás) no sean iguales a ‘nuestras’ generaciones -aunque cada vez esas diferencias van a menos, y la Pepsi se bebe en todas partes (por desgracia). Mi intención simplemente era apuntar a ‘eso’ (llámale ‘generación’, llámale ‘energía’) que me pilla más cerca, que es con lo que convivo y lo que me disgusta.

    Cuatro: Espero, pues, haberte evitado una preocupación innecesaria.

    Saludos.
    Alex

  7. Para reinventar cada día lo primero que tenemos que hacer es el arte de desaprender, y volver a nacer mentalmente con una mente sin conceptos que nuble nuestro entendimiento real de las cosas.por eso quiero trasladar la noticia que me ha impactado mas de esta semana: un hombre adulto, con la vida encaminada, con un entorno empresarial fuerte y un ambiente familiar de dificil escapatoria para hacer lo que ha hecho: se trata de un reinventado a artista…juan losada, eso es re-in-ven-tar-SE

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