Escribe. Escribe, maldito.

La Teoría del Sexo y la Caja (Como ser Creativo II)

In Algunos Vericuetos Personales on septiembre 21, 2007 at 8:21 pm

Ahí va el segundo post prometido referente al tema de la creatividad.

Os comenté que MacLeod hablaba de su teoría del sexo y la caja, y me gustaría hacer un par de apuntes al respecto:

Si uno mete en una coctelera el concepto de sexo y el concepto de caja (dinero, lo que sea…), y lo agitamos (tampoco hace falta mucho), lo que sale es un concepto tan antiguo como el de…

¿Hace falta que lo diga?

Bueno, va. 

Sexo + Dinero = Prostitución.

El argumento de MacLeod es: no necesites nunca vender tus ideas para comer. Ten un trabajo que te permita subvencionar tu libertad y hacer lo que te de la gana con tus dibujos, escritos, comics, canciones. Lo que sea. Así evitaras prostituir todo aquello en lo que crees.

¿Alguna vez os habéis preguntado como puede ser que un determinado libro, poema, disco, película, por un determinado director, pueda tener una pegada tan fuerte en su primera creación, y a partir de ahí su obra mengue y se convierta en algo inerme y sin sangre?

La cuestión no es otra que como conjugamos el sexo, lo que nos produce verdadero placer, las historias que nos gusta contar, y la caja: la necesidad que tenga de vender (y cuando digo vender, lo hago en todos los sentidos) a cualquier precio. Cuando uno crea una primera historia lo hace desde la fuerza que proporciona el no estar sujeto a peticiones y condicionantes editoriales, ni de productores de ningún tipo. A partir de ahí, subes al altar de la fama, y te casas con ella. Y, amigo, eso es duro, porque ahora alguien te exige que la cuota de ventas de tu primer libro/película/loquesea, hay que doblarlo. Tienes que mantenerte en la cúspide. Te entra el miedo. ¿Y si te dicen que tu segunda/tercera/enésima obra no tiene salida en el mercado? ¿Y si tuvieras que volver a llevar una vida normal? Entonces -plof- la imaginación, y el ímpetu creativo original se contamina, se desmorona. Y muere. Y te encuentras haciendo el saltimbanqui por aquí y por allá para venderte tú porque tus historias ni siquiera se venden por sí mismas.

Vale, en el medio estás virtud, me dirá alguno. Hay que crear historias buenas que se vendan por sí solas. Perfecto. Sólo un matiz, cuando más haya estado creada la historia desde la perspectiva del placer, del disfrutar en el momento de crearla, en ese momento de placer estético casi zen en el que uno crea porque sí y punto, más robusta será la historia (sustituir si queréis robusta por auténtica, completa, perfecta, redonda, y así…).

Ahora bien, el concepto ya de crear para vender… Ese ‘para’ me resulta sospechoso. Y es que lo que viene a decir esa frase es que estás dispuesto a mutilar tu obra sólo para que sea algo políticamente-estéticamente-editorialmente más correcta de lo que sería si escribieras en crudo, lo que de verdad te venía en gana escribir sin retoques ni maquillajes (ver poema de Bukowski).

Cuenta MacLeod que una vez le ofrecieron un contrato para publicar algunas cosas suyas en algún sitio (dónde y el qué es lo de menos, aunque si soy sincero, tampoco lo recuerdo). Pero le dijeron que tenía que recortar por aquí y por allí unas cuantas cosas para que su ‘producto’ (argh) fuera algo más presentable (argh) y más empaquetable (marqueting, argh), luego, más vendible (the horror, the horror, argh).

Si recordáis, hay unos cuantos principios de los que  habla MacLeod contra los que atenta esta petición que le hicieron de “retocar” su obra:

Canta con tu propia voz.

O ¿dónde está la linea roja que separa lo que estás dispuesto a hacer y lo que no?

O, No intentes distanciarte de la multitud. Simplemente, evita las multitudes por completo.

Y para mí el más importante: tu idea no tiene que ser grande. Sólo tiene que ser tuya y sólo tuya.

Obviamente MacLeod les mandó a freir espárragos. No volvieron a llamarle. Y a el le importó un pimiento que no lo hicieran.

Moraleja: tampoco lo necesitaba. Tenía su trabajo como diseñador, un trabajo que a) le daba de comer, b) le permitía alejarse de la pamplinería del “soy un artista y llevo vida de tal” (en otras palabras, le permitía vivir una vida normal, conocer a gente normal y enfrentarse a problemas reales, lo que le servía de fuente de inspiración) y c), la más importante, creo: confiaba tanto en lo que estaba haciendo que sabía que su oportunidad llegaría, sin tener que renunciar a nada de lo que le identificaba y él creía.

Es decir, está claro que todos necesitamos nuestra parte de placer (sexo), y nuestra parte de (supervivencia) caja. Que sería la rehostia que uno pudiera cobrar por algo que le produce la satisfacción del disfrute personal que conlleva todo acto creativo. Pues claro que sí. Ahora bien, lo que no tengo yo tan claro es que sea bueno disfrazar nuestro concepto de ‘placer’, para acercarlo al de caja… Y así poder vivir del cuento. Y nunca mejor dicho.

Lo diré de otra manera. Y en las palabras de Ferran Torrent, una de las pocas personas con cierta clarividencia acerca del mundo literario actual.

Hay mucho imbécil en el mundillo literario.

Cuando ves a alguien que te dice: es muy duro vivir como escritor se me ocurre la tan manida idea de pensar en las personas que descienden metros y metros cada mañana jugándose la vida sin saber si la mina va a explotar o no, o si los pulmones le van a dar mucho juego antes de llenárseles de mierda hasta arriba y arruinarle la vida. O estoy pensando en el que en vez de descender, sube y sube por andamiajes sobre los que se forjan esas paredes en los que llevamos vidas tan cómodas (cada uno con sus problemas, claro está), y que en cualquier momento puede caer desde una altura de cinco metros sabiendo que se parte el espinazo por que el mamón de su jefe se ha evitado unos durillos no poniendo la red que le salvaría la vida.

Eso es duro.

Lo demás son gilipolleces.

Cuando alguien dice que es duro vivir de lo que escribe, lo es porque es difícil tener que estar haciendo malabarismos para mantener los privilegios de  vivir eternamente “revertiendo en la olla vacía” como dijo el gran Valle Inclán (iconoclasta donde los hubiera). Eso implica distanciarse de uno mismo, vivir haciendo equilibrios impropios, lo que lleva a una neurosis en los que uno ve acercarse la linea roja, la ve, la ve, la está viendo, y un día esa línea roja que divide lo que uno es y lo que han hecho de uno ya ha quedado atrás. Y con ella una parte esencial, insustituible de uno mismo.

Por último, una anécdota: hubo una vez una escritora que además por unos libros que, vamos a ser condescendientes, estaban “pasables”, independientemente de su ligereza y levedad, se hizo paso en las primeras planas de periódicos y escaparates varios tipo Circulo de Lectores a base de enseñar piernas  de forma aparentemente provocativa (en fin) e “ir de” (odio ese concepto) femme fatale et terrible. Años más tarde ves a esa misma escritora decir delante de la cámara “la fama es lo peor que me ha ocurrido en la !#*!1/2 vida“. O sea: hago lo posible por llamar la atención y luego voy de “no necesito todo esto”.

Y digo yo. ¿No es más fácil ser algo natural y dejarse de tanta pose?

Lo que hay que hacer, para conjugar sexo y caja… Triste pero cierto.

Powered by ScribeFire.

Anuncios
  1. Jojo, déjame que adivine quién es la escritora en cuestión, que parece que la estoy viendo, ¿su nombre empieza por “L”?
    Genial Bukowski, como siempre, y cuánta razón la de Ferran Torrent.
    Saludos! 🙂

  2. ¡Premio! Je, je, je…

  3. Jajaja, perrito piloto para Sunny :mrgreen:
    Algún día contaré mi relación curiosidad-odio con respecto a esta mujer 😉

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: