Escribe. Escribe, maldito.

Método Snowflake IX

In El Arte de Palabrear on agosto 22, 2007 at 6:56 pm

Estamos a un sólo paso de completar el proceso de diseño previo de nuestra novela. Haciendo un breve resumen de los posts anteriores vemos que:

1) Hemos escrito nuestra historia en una frase de quince palabras.

2) Hemos estirado la “historia en quince palabras” a “historia en un párrafo“, dónde hemos comenzado a pensar en los vericuetos que seguirá la novela a grandes rasgos.

3) Hemos comenzado a visualizar los personajes y a darles nombres, así como también les hemos proporcionado sus propias “historias en quince palabras”, sus motivaciones, sus objetivos y sus conflictos.

4) Hemos cogido cada frase de nuestra “historia en un párrafo” y la hemos estirado hasta convertir esa frase única en un nuevo párrafo que nos ha dado una hoja completa con una sinopsis más detallada de nuestra novela.

5) Basándonos en el paso 3, hemos aprovechado los primeros retazos de nuestros personajes y los hemos hecho crecer hasta descripciones de una página para los principales o de media para los secundarios.

6) Hemos cogido la “sinopsis de una página” (paso 4) y la hemos estirado a una “sinopsis de 4 páginas“, alargando cada párrafo hasta convertirlo en una página describiendo cualquiera de los puntos de trama que hayan ido evolucionando.

7) Hemos dado una última vuelta de tuerca a los personajes y hemos entrado en concretar con más detalle aspectos de sus vidas, como fechas de nacimiento, tics, historia vital, etc…

8 ) En el post anterior a este, vimos como realizar un listado de escenas a través de las cuales los personajes y nuestra sinopsis iban a concretarse en una historia más o menos articulada.

A partir de este paso, el 9, la cosa ya se pone seria. Y es que, aunque Randy Ingermanson dice que él ya no realiza este ejercicio, yo lo he encontrado especialmente útil para el desarrollo de mi novela. Me explico: este paso consiste en aprovechar el listado de escenas que hemos apuntado en el paso anterior y comenzar a trabajar sobre ellas. Se trata de aprovechar las descripciones de las cincuenta, sesenta o cien escenas pre-pensadas como eje de la novela y comenzar a desarrollarlas en varias hojas, esquemáticamente si se quiere, sin parar mucha atención al estilo, e insertando piezas de diálogo o descripción de sitios que nos ayuden a visualizar lo que queremos decir en todo momento. También es interesante comenzar a plantear en este ejercicio los posibles conflictos que puedan surgir para cada escena (ej. en esta escena Marla se da cuenta de que su marido está atravesando una pequeña crisis personal y que ella no está haciendo nada por ayudarle). El proceso puede durar una semana, según Randy, aunque en mi caso tengo claro que va a durar algo más -un mes más o menos, si cumplo con el calendario marcado. En el caso de Randy, el resultado fueron 50 páginas (aunque creo que se pueden estirar a bastantes más si nos ponemos).

Ahora sí, comienza el trabajo real. Y es que desde mi punto de vista, lo que encuentro interesante de este ejercicio es que permite comenzar a tejer la novela, ni que sea en crudo. En mi caso, lo que he hecho es comenzar a escribir el borrador de la novela a partir de las lineas en las que he ido desgajando cada escena. Esto se puede hacer con unas pocas lineas en las que finiquitar cada escena – una media página o página por escena- o en escribir la escena en sus rasgos más generales para poder ir dando luego pinceladas en un segundo y último (o no) borrador (ocupando unas cuatro o cinco páginas por escena).

En el caso de Randy, nos avisa que él ya no realiza este ejercicio porque no lo encuentra necesario. Además, advierte que hay un peligro inherente a este paso: es aquí que la sinopsis deja de ser una idea generalista que suena bien en nuestra cabeza, para convertirse en una historia que desparramamos encima del papel; y es aquí donde puede ser que nos demos cuenta que nuestra historia, que tenía una cierta consistencia en nuestra cabeza, tiene en verdad una textura un tanto viscosa y repelente que no cuaja por ningún sitio.

Yo os animaría a hacer este paso, simplemente por el hecho de que, si de verdad queréis escribir esa novela o lo que sea, al hacerlo estaréis un poco más cerca del final. Y si en el camino han surgido dudas, incongruencias, problemas o simplemente no le veis el sentido, mejor que surjan ahora y no cuando estéis en la página 199 de vuestro borrador que ha ido avanzando a trompicones y que no hay por donde cogerlo.

Una última recomendación: se trata de no detenerse demasiado en los detalles. Programaros, por ejemplo, una sesión de trabajo de una hora por escena, o de media hora por escena. Y si en ese tiempo no habéis lanzado sobre el papel todo lo que consideráis necesario recordar para luego lanzaros al borrador definitivo, entonces hacer un pequeño resumen esquemático, o anotar en los márgenes lo que falta y lo que puede ser necesario. Y pasar a trabajar sobre la siguiente escena.

Espero que este paso os sea de ayuda. Ya estamos un poco más cerca del final, que no deja de ser el principio: ese momento en que nos lanzaremos con uñas y dientes sobre la escritura de la novela de una vez por todas.

Espero vuestros comentarios, palabreros.

Un saludo.

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