Escribe. Escribe, maldito.

Sobre Cultura Popular

In Algunos Vericuetos Personales on octubre 9, 2006 at 12:00 am

Ay, la cultura popular.

Cuando estudiaba Filología Inglesa, realicé un trabajo acerca de la música africana y su futura influencia cultural para enrquicer los anquilosados ritmos y melodías de la música y la cultura occidental, que va a morir de hartazgo a costa de repetirse una y otra vez.

Un día caminaba por la biblioteca de la facultad con un libro de unas 800 páginas bajo el brazo, un compendio de la musica más imporante de África diseccionado por paises, y encontré a un conocido que estudiaba Filología Hispánica. Él llevaba bajo el brazo El Canon Literario Occidental, de Bloom.

Me pidió ver que estaba leyendo (en plan, desenfunda, forastero, a ver quien lee más y mejor), y un poco más y le coge un ataque de epilepsia al ver que no estaba leyendo nada que llevara encima la etiqueta de “Alta Literatura”. No lo entendía, por más que lo intentaba. No consideraba lógico que perdiera el tiempo con lecturas que nada tenían que ver con Quijotes, Shakespeares y demás cía.

Se fue, cabizbajo, renegando para sus adentros, dándome por imposible.

Al hilo de ésta anécdota sirva este post para reivindicar la lucha que Sara Martín Alegre, profesora y escritora, a la vez que amiga y mentora, hace suya desde sus clases, sus escritos, sus conversaciones y sus lecturas: la cultura popular merece un sitio. Y un sitio tan o más importante que la cultura canónica a la que nos tiene acostumbrados el panorama cultural que bebe de la crónica concepción elitista del arte que sufre éste y tantos otros paises (básicamente, los occidentales) -y que se respira en todos los ámbitos, sea universitarios, tertulias, congresos y conferencias y publicaciones que buscan el nuevo Gran Libro de las Letras Universales.

expedientexY es desde este punto de reivindicación de lo popular como un elemento enriquecedor de cualquier textura cultural de un país que me gustaría invitaros a leer su último libro, de publicación reciente: Expediente X, En Honor a la Verdad (Ed. Alberto Santos, 2006). O a que os abismarais en el producto de su tesis doctoral, que dio como resultado un interesante estudio acerca de los monstruos y su insercion en nuestro imaginario de fin de siglo, por medio de ese medio tan populista, como es el cine, y ese otro, tan popular y a la vez elitista, que es la literatura: Monstruos al Final del Milenio.

Ambos son intentos concretos por reivindicar algo que es evidente pero que nuestros ojos acostumbrados a lo supuestamente refinado y lo canónico no acaba de ver: que lo que ahora consideramos alto, en su día fue un elemento común y recurrente en el imaginario popular. Que lo popular invadía permanentemente la obra de lo que ahora consideramos canónico, vease los monstruos como Drácula, los libros de caballerías en el Quijote, el uso de lo grotesco, como Calibán, en Shakespeare; que la cultura popular es la base para comprender un mundo en el que caen las barreras de lo jerárquico, y ya la diferencia no es de alta literatura vs. baja literatura, sino las diferentes literaturas que se crean al hilo de mosaicos de matices ricos y diferentes que son los diferentes sistemas de valores que pueblan una cultura en concreto, y sobre todo aquellas otras que hemos obviado a lo largo de lo años condenándonos a un sistema de valores demasiado acostumbrado a mirarse contínuamente el ombligo.

monstruos
Y es que la definición de arte ha bajado a morder el polvo desde el escaño de altas ínfulas que ocupaba: Arte es la serie de Mulder y Scully aunque sus temas no sean “altos” (en el sentido pretencioso de nuestro concepto vigente de Cultura, con mayúsculas); Arte son las tiras cómicas de Sin City; Arte son los libros de Palahniuk, de Stephen King (curiosamente no encuentro un fenómeno similar en nuestro país: ¿alquien que diga algo a este respecto?); Arte son las películas de creación independiente y pretensión minimalista lejos de la vanidad pretenciosa de Hollywood.
Es desde esta perspectiva que os invito a conocer la obra de Sara Martín, y a plantear la necesidad de diversificar y enriquecer nuestra concepción de cultura, introduciendo lo popular en nuestro saber, a modo de enriquecimiento de nuestra experiencia intelectual.

Ya me contaréis la experiencia, palabreros.

Un saludo.

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  1. No sé a ciencia cierta de quien hablas, pero tengo a un par posibles (a uno exactamente), y sé a qué te refieres al quejarte. Quizá fue la sensación que tenía muchas veces en la facultad, el no sentirme a la altura por gustarme “el verso fácil”, o alguna coplilla popular de Quintero y León (nada glamouroso), o interesarme por algo tan a la mano como la música, o vivo como García Márquez (mil veces escuché el comentario de ‘yo no leo autores no consagrados’, sin que entendiera yo que tiene que ver morirse para ser grande). Por suerte, siempre encontré a quien me entendía e incluso a veces, compartía mis gustos. Ahora, a veces, tengo el sentimiento contrario, el de pedante, siempre con el libro entre las manos, con ese autor que nadie (excepto las excepciones) conoce en este país que no coge un libro ni para ajustar la mesa coja, y escuchando música que la gente de mi generación sólo conoce si el susodicho artista hace un duet con U2…viva la cultura!

  2. por cierto, ya he reservado un día para ir a comprarme el libro de Sara, así que cuando lo lea, ya te diré qué me parece (ahora ando con unos cuantos entre las manos, uno en cada idioma que conozco, para ver si al final aprendo alguno bien).

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