Samurai
Aparecí una última vez,
(no podías esperar menos)
debo confesar
que lo hice
desnudo
(quién necesita armaduras
si sabe que la muerte siempre acecha)
con los huesos débiles
los dedos arqueados
con las palabras resecas por el desuso
con menos hastíos a los que aferrarme
tú estabas en el otro lado de la bruma
por el filo de tu espada
se deslizaba
aún
alguna gota de mi sangre fresca
ardiente
que pugnaba por caer
caer del todo
hacia las hojas resecas
de un otoño pálido y ya enfermo
el rocío púrpura bajo tus pies
era el presagio
que debía habértelo indicado
(y es que debiste llegar hasta el final
cortar el viento en un golpe seco
echar a rodar mis anhelos y mi cabeza por los suelos)
y sin embargo,
te pudo la soberbia
esa que dice que tus labios son poesía
por el mero hecho de ser carne
y qué hiciste
simplemente afilaste los versos
desenvainaste las palabras
y te lanzaste hacia mí
confiado por verme viejo
por verme fantasma sin leyenda
espíritu errante sin camino
garganta sin aliento ni rima
pensaste qué esta hora de deshonra sería
penitencia suficiente
sabes,
el error más tonto que todo samurai puede cometer
es no darse cuenta que la espada con la que daña
está en sus labios
pudriendo sus entrañas,
arrugando sus metáforas
cuando utiliza las palabras como dardos
sembrando deshonra y odio y muerte
violando la idea de belleza y verdad
sobre cuya efigie juramos todos un día con los puños cerrados
pobre iluso
ahora esta bruma
las tardes tristes de domingo
esa daga con la que me atacaste
la palabra pura
o impura
todos míos,
yo te vi caer ante mí,
desangrado por tu propia verborrea
te vi ser pasto de buitres y alimañas
comida del olvido
respecto a mí,
sigo caminando
mis pasos siguen el destino azaroso de la niebla en el bosque
esa que baila con los árboles
porque no sabe
yo levito sobre las hojas que ya no crujen a mis pies
aún así,
sigo deseando no haber bebido nunca
el néctar de musas expatriadas del Parnaso
ahora sé,
lo que no me mató aquella tarde
tus palabras
tu amargura
y tu desprecio
me hizo tierra y agua y cielo y fuego
es decir
nada
que es a todo a lo que puede aspirar
un samurai de la palabra.