Ando yo tan tranquilo, y un poco curioso, leyendo una entrevista al ex-vicepresidente americano Al Gore, con motivo del estreno en nuestro país de su documental Una Verdad Incómoda, cuando de repente me detengo en seco en una fase del toma y daca de preguntas.
Más o menos la cosa viene así:
“¿Qué opina usted de Michael Crichton y sus críticas al ecologismo?”
“Bueno. Nada más hay que ver como se gana la vida Crichton. Escribiendo ficción”
(Adaptación mihi generis de las palabras de Gore -no he podido recuperar el texto original que he perdido por alguna parte, cosa nada extraña en mí…)
Reacción instantánea: Hey, un momento.
Me temo que entiendo por dónde va el ex-vicepresident. Y entiendo su crítica e intento de deslegitimación de Crichton.
Pero antes una puntualizacíón:
Los escritores son una raza curiosa. Son los únicos que experimentan con la realidad para vivir vidas que nos es imposible vivir, y a través de sus historias nos hacen tener y participar en experiencias que de otro modo no estarían al abasto de nuestro bagaje vital, y por tanto nuestro enriquecimiento como seres humanos se vería empobrecido sobremanera si no tuvieramos escritores. Así, estimo que Jurassic Park intentaba participar en esta experiencia literaria, legítima y éxitosa en su momento.
Y con ello quiero decir que cada escritor, por tanto es libre de escribir lo que quiera, desde el punto de vista que quiera, y además no tener que dar explicaciones al respecto.
Otra cosa es que merezca la pena ser leído. Y comprar lo que dice en sus libros y fuera de ellos.
Particularmente, encuentro que los escritores son no sólo una raza especial sino una camada de locos-visionarios-sin-saberlo que son capaces de dos cosas:
1) Hacernos imaginar mundos mejores, personas mejores, sentimientos mejores, historias mejores y sacarnos del atolladero en que podemos estar metiéndonos como seres humanos y apuntarnos dónde podría quedar nuestro Jardín del Edén.
2) Hacernos imaginar mundos peores, personas peores, sentimientos peores, historias peores, y avisarnos del atolladero en que podemos estar metiéndonos como seres humanos y apuntarnos dónde podría quedar nuestro Averno-como-Raza.
Circula una opinión muy extendida entre los gurús de la autoayuda tan en boga hoy en día, como Stephen Covey y sus 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva, que recomiendan coger el hábito de leer libros, pero evitar leer ficción “porque es una pérdida de tiempo y una distracción innecesaria“. Sólo conozco una excepción a esta tendencia, y es Tom Peters, de quien os hablé en un post anterior.
Y Al Gore parece ser de la misma opinión que el doctor Covey, por lo que veo. Así que tengo que darle una reprimenda al señor Gore: si Michael Crichton es un mequetrefe, no lo es por ser un escritor de ficción. Lo es, simplemente, por que sus opiniones son propias de un mequetrefe arribista que sabe donde está el poder y cual es su discurso y adapta el mismo para poder salir en la foto que le interesa (y ganar unos milloncejos al respecto, y que sus guiones den lugar a una mayoría de películas insulsas, y demás…).
Ya os he apuntado alguna vez que estoy un tanto cansado de los-escritores-en-la-cúspide, que se agarran a lo que sea para no bajarse de la cresta de la ola. Y tengo la impresión que Crichton es uno de estos. Así que, Sr. Gore: Crichton es libre de decir en sus libros lo que sea, de decir lo que piense respecto al ecologismo, y explicitar su mequetrefería. Pero no es de recibo establecer una asociación facilona entre ficción y trilero de la realidad y de la existencia como ser humano.
Y es que, Sr. Gore, no crea que no le entiendo: hay que ser realmente mezquino por no decir idiota, para decir que son los ecologistas los que conspiran para provocar el cambio climático como dice el tal Crichton -y es que a veces me extraño de que cualquiera escriba un libro, se le ponga la etiqueta de escritor y pueda decir lo que le venga en gana y encima se le tenga que escuchar y comprar lo que dice. Así que entiendo su postura, señor Gore: yo también estaría iracundo contra el susodicho elemento. Y le atacaría con lo que tuviera a mano. Y la ficción por desgracia siempre es susceptible de convertirse en arma arrojadiza.
Pero no hay que olvidar una cosa: uno es mequetrefe en cuanto a ser humano. Y punto. No en cuanto a escritor de ficción. Sus ficciones podrán ser más o menos artísticas, provechosas, placenteras y productivas en cuanto a que nos aporten valor estético. Pero escribir ficción no es un juego de trileros, como creo haber justificado unas líneas más arriba.
Así que deducir que porque Crichton es un malabarista que juega ha enseñarnos una mano para con la otra esconder el truco (que no deja de ser ganar dinero y tener un estatus social como escritor que, leches, eso está muy bien y a la sopa boba se vive que no veas), por el hecho que escribe ficción, me temo que es un tanto injusto con otros visionarios de la ficción, como Orwell, Huxley o Philip K. Dick, que sí han sabido transmitir mensajes que nos valen la pena como aviso de futuro y no nos hacen tragar como literatura sus delirios de vanidad insípida.
Así que, Sr. Gore, mal que me pese, porque soy de los muchos que hemos captado su mensaje y adoptado como propio (y es que ese mensaje, me temo, es de todos en tanto Humanidad, aunque no todos quieren escucharlo, en perjuicio del resto), permítame el matiz: Las ficciones nunca son verdades incómodas -lo son sus mediocres escritores con sus mediocres personalidades. No dejan de ser mundos posibles que usted y el resto podemos escoger leer o no leer. Pero no por ello merecen un desprecio, ni una condena al ostracismo. Porque son esas ficciones las que en parte han contribuido a nuestro crecimiento como Humanidad. Y su origen y enraizamiento en el imaginario colectivo del ser humano es tan antiguo como la preocupación por la Madre Tierra que ahora usted nos enseña tratando de reanimar nuestra conciencia y compromiso para con la vida.